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Derechos sexuales de los jovenes, crítica

ALGUNAS ANOTACIONES AL FOLLETO TITULADO:

"LOS DERECHOS SEXUALES DE LOS Y LAS JÓVENES" ,

QUE SE ESTÁ DIFUNDIENDO ACTUALMENTE EN MONTERREY.

A. INTRODUCCIÓN

1. Recientemente, se han comenzado a distribuir diversos documentos que se refieren a los así llamados "derechos sexuales de los jóvenes". Están avalados por pequeñas asociaciones, poco representativas, pero con cuantiosos recursos, como el Movimiento "Abrazo", el Programa Nacional "Los jóvenes tenemos derechos...", "DemySex" (Democracia y sexualidad), "Acciones" (Acción Educativa por la Salud Sexual), "Ave" de México, "Balance" (Promoción para el Desarrollo y Juventud), "Elige" (Red de jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos), "Sipam" (Salud Integral para la Mujer), "Sisex", "Genes" (Instituto de género y salud sexual, S.C.) y otros. Con ellos se están llevando a la práctica las iniciativas impulsadas por la ONU en la cumbre "Child+10", la Sesión Especial a favor de la Infancia, que tuvo lugar en mayo de 2002, en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

2. En Monterrey, más concretamente, se está repartiendo de forma masiva el folleto titulado "Los y las jóvenes tenemos derecho a..." , avalado por el Movimiento "Abrazo", y editado con apoyo de "The John D. and Catherine T. MacArthur Foundation" , que, según explican en el texto, recoge la declaración realizada por las y los participantes de 28 estados de la República Mexicana, representantes de 78 organizaciones civiles e instituciones asistentes al "Foro nacional de jóvenes por los derechos sexuales", convocado por el Instituto Mexicano de la Juventud, la Dirección de Programas para la Juventud del Gobierno del Distrito Federal, Acción Educativa por la Salud Sexual, A.C. y ELIGE, Red de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos.

3. Estos documentos, a veces difieren unos de otros, pero responden a una común concepción del hombre y de la sexualidad ajenos a la cultura de México y enfrentados diametralmente a una recta concepción natural del ser humano, que debe ser respetado en su dignidad de persona, ser espiritual, libre y responsable. Del mismo modo, demuestran una imagen reductivista de la adolescencia y la juventud. Por ello, queriendo orientar a los jóvenes de buena fe, a los padres y educadores, señalamos a continuación los elementos que deben ser criticados en estos enunciados de los denominados "derechos sexuales". Nos referimos especialmente al promovido por el Movimiento "Abrazo", el más difundido en Monterrey:

B. CONSIDERACIONES GENERALES.

1. En estos así llamados "derechos sexuales", se presenta una concepción del hombre y de la sexualidad alejados de cualquier referencia a la ética o a la moral. La sexualidad que se comprende en el fondo de estos derechos queda reducida a un juego lúdico de placer, sin consecuencias o implicaciones morales. Se señalan "derechos", pero no se habla de responsabilidad o de consecuencias. Sin embargo, los efectos psicológicos de las uniones sexuales, así como otros efectos colaterales (enfermedades, embarazo, etc.), ameritan una explicación más completa y veraz sobre la sexualidad, que representa un integrante fundamental del ser humano, inseparable de los demás elementos de la personalidad.

2. Los derechos sexuales inducen a una errónea concepción de los derechos humanos. Los derechos humanos se refieren a garantías que deben ser respetadas por todos los órdenes jurídicos, nacen de la identidad de la persona y enuncian necesidades imprescindibles para la realización del ser humano. Aquí, por el contrario, estamos ante reivindicaciones sobre elementos no imprescindibles de la vida del adolescente, basados simplemente en deseos e instintos, pero no en la naturaleza profunda del ser humano. Sería como hacer una hoja de derechos materiales en la que los jóvenes exigiesen tener carro, ser educados sin exigencia, dotarles de una chequera propia, etc. Los derechos sexuales se reducen a un simple catálogo de reivindicaciones que se sustentan en un último valor, muy contraproducente desde el punto de vista ético: "el derecho de satisfacer las pasiones individuales", y se aspira a que esto sea aprobado por el derecho positivo.

3. El folleto de los derechos se presenta con apariencia de buscar el bien de los jóvenes y hay que reconocer que algunos puntos recogidos en el folleto de los derechos podrían ser aceptados comúnmente, como el derecho a no ser discriminado, la defensa de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la necesidad de una buena y recta educación sexual, objetiva y científica, que promueva la toma de decisiones responsables y libres, la promoción del respeto a las personas con tendencias homosexuales, la difusión de una imagen digna de las y los jóvenes en los medios de comunicación, y la denuncia de toda explotación sexual, o violencia. Incluso se podría defender la posibilidad de acceder a información, siempre y cuando sea verdaderamente objetiva, sobre las consecuencias de las relaciones sexuales a esas edades y sobre el uso de anticonceptivos, etc. Podemos decir que estos enunciados son positivos, y que ayudarían a crear una sociedad más justa y más humana, pero no por eso se puede defender o asumir todo el enunciado de los derechos, ya que en ellos se delinea una antropología y un concepto de sociedad contrarios a la dignidad de la persona y a su consideración de ser espiritual. Se promueve un ser humano individuo, autónomo, guiado por el placer en su actuar, sin referencia a otros elementos integrantes de su personalidad.

4. En estos derechos, la sexualidad pasa de ser un "lenguaje" de comunión a convertirse en un "lenguaje" de autosatisfacción. La concepción de relaciones sexuales que aparece en estos derechos, se encuentra en la línea de la cultura actual que hace que, cada vez más, las relaciones sociales estén determinadas por una difuminación absoluta del valor de lo personal y de la dignidad del otro. El "otro" aparece reducido a un objeto con el que gozar. El ser humano presentado implícitamente en estos pseudo-derechos no aparece como una persona, un ser abierto a los demás y a la trascendencia, sino como un individuo, unidad de fuerzas pasionales, de interés y de disfrute, condenado a crearse sus propios valores desde su propia experiencia, en la total subjetividad.

5. En este folleto se presenta a los jóvenes un concepto ilusorio de felicidad; una felicidad que no toma en cuenta el bien común, sino sólo la propia satisfacción de los instintos. La realización personal se reduce a la búsqueda de placer, al "haz lo que te venga en gana". Si tradicionalmente, la ética se presenta como un camino de felicidad y realización del ser humano en la búsqueda del bien y la verdad, aquí volvemos a un tipo de epicureismo que persigue el placer por el placer, sin compromisos con los demás, con la sociedad y, mucho menos, con un bien o una verdad objetiva sobre el ser humano.

6. En el folleto sobre derechos sexuales, no se hace referencia al autodominio, que es vital en la humanización de la sexualidad. Este autodominio sólo se consigue cuando la sexualidad se relaciona con altos ideales, con un amor de donación, y no con el simple disfrute de la relación sexual, a no ser que se quiera educar a futuros violadores, maltratadores, acosadores sexuales, etc. Una recta educación sexual siempre implica un aprendizaje del dominio de sí, que es la pedagogía de la verdadera libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado. La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior, de la pulsión sexual o de la mera coacción externa. El hombre logra actuar de acuerdo a su dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura los medios adecuados para conseguirlo. El reto del educador siempre debe ser elevar al joven hacia los más altos ideales humanos y a la vivencia más perfecta del amor y la libertad, y no dejarle sometido al imperio de sus instintos desordenados que aprisionan su libertad.

7. Este documento de los derechos sexuales de los jóvenes presenta un gran desconocimiento del desarrollo afectivo del adolescente.

- E l adolescente vive en una difícil situación existencial que se manifiesta en las "inestabilidades" y "vaivenes" emocionales a los que se ve sometido, suele tener una afectividad muy rica, pero inestable, extremista en sus estados de ánimo (grandes alegrías y grandes tristezas) como si quisiera probar de todo y a fondo. En este marco, no se le pueden ofrecer unas grandes "libertades" sexuales sin hacerle ver este elemento de su evolución psicológica y mostrarle los cauces para educarlo.

- El adolescente vive todo de forma comprometida: se mete hasta el fondo. Es capaz de grandes depresiones o entusiasmos "irreflexivos". A veces, se angustian, o sufren de pánico y se identifican con actitudes superficiales y pueriles. Por eso, su conducta resulta, imprevisible y muchas veces "desconcertante". Se encuentran con el fenómeno de la angustia vital, cada vez más extendido. Esta angustia a veces se expresa en forma de miedos, o de sentimientos de extrañeza, o en "nostalgias", otras veces se elabora en forma de rebeldía, de "depresiones", de soledad... etc. Junto a la angustia, e inseparable de ella, surge la inseguridad. Los adolescentes que tienen relaciones sexuales durante este período de maduración, quedan muy influido por ellas y las viven generalmente de forma traumática.

- Teniendo en cuenta estos elementos, no resulta recomendable para un adolescente mantener relaciones sexuales que, en lugar de ayudar a su recto desarrollo como persona, sólo sirven para magnificar sus dificultades de maduración y sus estados irregulares, e incluso para dejar traumas o secuelas invencibles. La sicología del adolescente es un terreno débil en el que no se aconseja vivir experiencias que no serán rectamente manejadas.

8. Estos derechos manifiestan un erróneo concepto de "libertad". Si bien no está dicho explícitamente en ninguna parte del folleto, el uso de términos como "liberadora" o "libre", no hacen referencia a l poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de elegir entre hacer una cosa u otra, de autodeterminarse a través de elecciones, de ejecutar por sí mismo acciones deliberadas, de disponer de sí mismo, según decisiones tomadas por la inteligencia, buscando el bien y la verdad, sino a una simple ausencia de trabas o estorbos, un concepto de libertad más próximo a la "libertad animal" de poder vivir los propios instintos sin limitaciones.

9. El folleto demuestra un menosprecio y una falta de respeto a las tres grandes religiones con contenidos revelados: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, que, aunque basadas en distintos principios y motivaciones, recogen una tradición común sobre moral sexual a la que se enfrenta frontalmente el folleto.

10. En el enunciado de los derechos se habla de "equidad" y de "género". Son dos conceptos ambiguos que es necesario clarificar.

- La "equidad" es defendible cuando se refiere a igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero no puede defenderse si lo que se quiere es "masculinizar" a la mujer separándola de la maternidad, e igualar los dos sexos, ya que eso supondría el fin de la sociedad. Hombres y mujeres son desiguales para complementarse y enriquecerse mutuamente, no para enfrentarse en una continua oposición dialéctica. El feminismo actual ve toda desigualdad como una forma de opresión, porque se basa en la dialéctica hegeliana, por eso defiende la igualdad absoluta, pero la realidad de la vida humana es y debe ser otra. El ideal de vida humana y el máximo valor para la vida del hombre es el amor, que se vive de modo excelente en la familia unida, base de una sociedad justa y solidaria.

- El término "g énero" se usa frente a la diferenciación biológica del sexo para hacer ver que la situación y los roles de la mujer y del hombre son sólo construcciones sociales sujetas a cambio sin una base natural. Género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo. Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia, hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino. Sin embargo, los seres humanos no se distinguen por su pulsión u orientación sexual (género), sino por su configuración natural sicosomática. El sexo responde a la realidad natural, el género es fruto de la voluntad humana que crea una nueva realidad (voluntarismo) usando una categoría gramatical.

C. ANOTACIONES PARTICULARES A ALGUNOS DE LOS DERECHOS SEÑALADOS.

1. El folleto sobre los "derechos sexuales" dedica sus cinco primeros enunciados a la educación sexual, sin embargo, presenta una visión muy reductiva y deficiente que no toma en cuenta que la responsabilidad sobre la educación de los hijos recae en los padres. Las demás instituciones: escuela, estado, etc., son sólo apoyos con los que cuentan los padres. Los padres no deben olvidar que son los últimos responsables de la educación de sus hijos en este campo.

- La educación sexual que promueven estos así llamados "derechos sexuales" se refiere simplemente a los elementos técnicos de la sexualidad en el marco de dos únicos valores: la equidad entre mujeres y hombres y el respeto y aceptación de la diversidad sexual. Sin embargo, la educación sexual es un largo proceso que empieza con los primeros años de vida. La madre que acoge el ingreso de su niño a la vida con afecto pone, por decirlo así, la primera piedra de todo este trabajo formativo. Efectivamente, ella hace sentir a su niño que es bienvenido a un mundo bien dispuesto para él. Y puesto que una de las finalidades de una sana vida sexual es precisamente la de establecer cordiales relaciones con los demás, estas primeras impresiones tienen una extraordinaria importancia en orden a la feliz y armoniosa evolución de la vida sexual.

- La educación sexual no debe reducirse a los elementos biológicos, sino profundizar en los valores del amor, de la donación mutua, de la familia, de la dignidad del hombre, etc. La educación sexual no consiste, efectivamente, tan sólo en la exposición de nociones de orden anatómico fisiológico. Tales conocimientos son indispensables, pero no bastan. Sólo con la base de unos conocimientos completos y correctos, que incluyen también la dimensión ética y los aspectos más profundamente humanos de la sexualidad, presentados con delicadeza, medida y gradualidad, es como el niño podrá llegar a descubrir la riqueza humana de la sexualidad guiada por un amor auténtico, y se hará responsable de sus derechos y deberes en este campo.

2. El folleto, ya desde el enunciado del primer derecho, hace especial hincapié en el placer. El placer, en sí mismo, no es ni bueno ni malo desde el punto de vista moral, pero no hay que olvidar que el placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión. El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice estas finalidades. En los enunciados de "los derechos sexuales de los y las jóvenes", se promueve una búsqueda del goce sexual al margen de la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero.

3. El folleto de los derechos sexuales defiende explícitamente "que se reconozca legalmente cualquier forma de unión entre personas jóvenes del mismo u otro género con el fin de compartir la vida, los afectos y/o el erotismo". Este enunciado merecería una respuesta muy larga y detallada, sin embargo, nos limitaremos a señalar lo siguiente:

- L os actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. Si bien es verdad que hay que respetar a las personas homosexuales por ser personas, dotadas de la dignidad propia del ser humano, con el mismo criterio hay que afirmar que los actos homosexuales son contrarios a la dignidad de la naturaleza humana.

- En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia que podrían fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales uniones. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana.

- En las uniones homosexuales está además completamente ausente la dimensión conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. Éstas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.

- La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio, que se convierte en una institución que, en su esencia legalmente reconocida, pierde la referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad, tales como la tarea procreativa y educativa. Si desde el punto de vista legal, el casamiento entre dos personas de sexo diferente fuese sólo considerado como uno de los matrimonios posibles, el concepto de matrimonio sufriría un cambio radical, con grave detrimento del bien común. Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.

- Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personas. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia. No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta.

- Tampoco el principio de la justa autonomía personal puede ser razonablemente invocado. Una cosa es que cada ciudadano pueda desarrollar libremente actividades de su interés y que tales actividades entren genéricamente en los derechos civiles comunes de libertad, y otra muy diferente es que actividades que no representan una contribución significativa o positiva para el desarrollo de la persona y de la sociedad puedan recibir del estado un reconocimiento legal específico y cualificado. Las uniones homosexuales no cumplen ni siquiera en sentido analógico remoto las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento específico y cualificado. Por el contrario, hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social.   Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son por lo tanto de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común.

- Es falso el argumento según el cual la legalización de las uniones homosexuales sería necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto personas y ciudadanos. En realidad, como todos los ciudadanos, también ellos, gracias a su autonomía privada, pueden siempre recurrir al derecho común para obtener la tutela de situaciones jurídicas de interés recíproco. Por el contrario, constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social.  

4 "Interrumpir voluntariamente embarazos", que se defiende como derecho, es una expresión falaz, pues "interrumpir" significa que después se puede continuar, pero aquí se está hablando de un aborto que termina con la muerte del embrión, un ser humano, ya concebido, aunque todavía no nacido; plenamente dependiente de su madre, pero genéticamente autónomo; con un código genético propio e irrepetible; un ser de la especie humana, que si no sufre ninguna acción para aniquilarlo (interrupción del embarazo), podría desarrollarse, nacer y habitar este mundo, como cualquiera de nosotros.

D. CONSIDERACIONES FINALES

1. Hoy día resulta muy difícil formarse una recta visión de la sexualidad y, más aún, defenderla en un diálogo abierto. Corremos el riesgo de ser tachados enseguida de intransigentes, intolerantes o cerrados. Sin embargo, tenemos que seguir insistiendo en la defensa de la dignidad de la persona humana y descubriendo al mundo que el verdadero diálogo se nutre del intercambio de opiniones, no de los calificativos lanzados al que no piensa como ellos. Por eso, esperamos que este escrito, antes de ser atacado con adjetivos dirigidos a los firmantes, sea reflexionado en profundidad y leído con responsabilidad.

2. La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro. Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.

- La recta educación de la sexualidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer. La educación sexual, por tanto, debe ir encauzada, si de verdad quiere ser educación sexual, a la integridad de la persona y a la totalidad del don. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. La educación de la sexualidad posee unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados ya que la persona humana es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas etapas de crecimiento. La educación sexual representa una tarea eminentemente personal, pero implica también un esfuerzo cultural, pues el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad misma están mutuamente condicionados. La educación sexual supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.

- La educación sexual es educación para el amor. Bajo su influencia, la educación sexual se presenta como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo. Por eso, la educación sexual se desarrolla también en la amistad, ya que, desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos, conduce a la comunión espiritual.

- La educación sexual no puede desembocar en un deseo o un goce desordenados del placer venéreo.

3. Es necesario volver a valorar el pudor en nuestra sociedad. Pudor no es igual que tabú. El pudor es una tendencia innata en todos los seres humanos, aunque se puede presentar de formas culturalmente muy distintas, de proteger la intimidad, característica propia de la persona humana. Cuando un pueblo tiene más conciencia de su dignidad, más tiende a preservar la intimidad manteniéndola al cubierto de la curiosidad ajena. Los pueblos más primitivos, que viven completamente desnudos, manifiestan, sin embargo, el pudor en la forma de dirigir su vista, o en la posición como se sientan, etc. La cultura occidental ha llevado el pudor al vestido, pero sobre todo a evitar el trato de cuestiones referidas al sexo en escritos, conversaciones, etc., por entender de forma natural, que en ella entra en juego lo más íntimo y profundo del ser profundo, donde se guarda celosamente lo que le confiere su más alta dignidad: su espiritualidad, que unida al cuerpo, le constituye como persona y que se expresa precisamente a través de ese cuerpo.

4. Fomentar la promiscuidad no ayuda a resolver los problemas de origen sexual que vive el adolescente. Los datos demuestran que este tipo de campañas sólo producen embarazos no deseados e incrementos en el número de enfermedades de transmisión sexual. Más bien hay que fomentar la responsabilidad, los deberes y la verdadera libertad guiada por una recta conciencia moral.

Grupo Interdisciplinario para los Derechos Sexuales

Agosto, 2003.

 

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